El trabajo como fuente de vida

El trabajo es esencial para la mayoría de las personas, y no solo porque representa el medio de obtener ingresos para subsistir, para poderse permitir algunos caprichos o incluso para vivir desahogadamente. El trabajo es un medio también de enriquecimiento personal, de satisfacción, de crecimiento como persona.

El trabajo es fuente de vida en muchos aspectos que casi nunca se tienen en cuenta. Un empleo puede mejorar la existencia de la persona, además de sus recursos económicos. Puede hacer que desarrolle sus mejores capacidades, que se ponga por delante retos que le hagan mejorar como profesional y como persona, que le ayude a interactuar con otras personas o que amplíe sus conocimientos. Visto de esta manera, el trabajo también es fuente de vida.

Y lo demuestra el hecho de que el ser humano necesite estar activo de alguna manera. Puede ser mediante un trabajo remunerado, pero también a través de un tipo de trabajo de carácter voluntario. Dejar de trabajar por jubilación o por un despido es uno de los momentos más duros que sufren muchas personas, que deben “reorganizar” sus vidas para mantenerse activos. Muchas veces se necesita desarrollar alguna actividad para sentirse vivo.

Ahora bien, que el trabajo sea una fuente de vida no quiere decir que se la vida de la persona. El trabajo debe ocupar solo una parte razonable del tiempo, porque hay muchos otros aspectos que hay que cuidar: el ocio, la familia, la salud…Cuando el trabajo se convierte en el centro de la existencia es que hay un problema mucho más profundo que las necesidades económicas.

Y tampoco hay que dejar que el trabajo afecte al resto de los apartados de la existencia cotidiana. Tiene su tiempo, empieza y acaba, y hay que saber sepáralo del resto de las parcelas de la persona.

El trabajo es vida, pero también puede “quitarla” cuando absorbe demasiado o cuando se coloca como prioridad por encima de otros aspectos importantes.